Somos tecnológicos, lo juro. Caso WeWork.

Analizamos el caso WeWork, por qué pareció triunfar en el inicio y las razones de su caída.

Inicios

Muchos de ustedes conocerán el nombre de WeWork, pero probablemente no todos sabrán lo que pasó en esta empresa y por qué estuvo al borde de la quiebra.

WeWork (oficialmente The We Company) es una empresa inmobiliaria estadounidense que proporciona espacios de trabajo compartidos para empresas emergentes del sector tecnológico y servicios para otras empresas. Dicho simple, WeWork ofrece espacios de co-working, y su modelo de negocio es relativamente sencillo:  realizan alquileres a largo plazo (alrededor de 30 años) sobre grandes edificios en zonas donde abundan freelancers y emprendedores, luego subdividen estos edificios en unidades más pequeñas y las alquilan más caras. Esto es, a todas luces, un negocio inmobiliario.
Sin embargo, los fundadores Adam Neumann y Miguel McKelvey no estarían de acuerdo con nosotros. Adam Neumann nació en Isreal, en un kibbutz, con 22 años emigró a Estados Unidos y empezó sus estudios universitarios en la universidad Baruch. Intentó hacer varios negocios, una empresa de tacos de mujeres colapsables que no funcionó, otra empresa de ropa para bebes que hiciera gatear más cómodo que tampoco pareció despegar hasta que, en el medio de la recesión que siguió a la crisis financiera decidió con Miguel McKelvey empezar un negocio de coworking, y lo sorprendió la gran demanda que había. Así nació WeWork.

A pesar de todos los problemas que mencionaremos luego, sin duda hay algo que reconocerle a Adam: es un gran vendedor. Gracias a esta habilidad logró convencer a inversores de que su empresa no era simplemente un negocio de arbitraje inmobiliario sino que era una empresa tecnológica (basándose en afirmaciones bastante dudosas sobre diseñar edificios a medida en base a algoritmos complejos). Ustedes podrán preguntarse y, ¿Qué importa si una empresa se la califica como inmobiliaria o tecnológica? La respuesta son varios billones de dólares. La empresa, al ser concebida como “growth stock” se la valoró en muchos más múltiplos de los que realmente generaba. Esto generó que WeWork se valorara en su auge en 48 billones de dólares mientras su competidor más directo, Regus (valorado por lo que es, una empresa inmobiliaria) vale menos de 4 billones.

¿Cómo lo lograron?

Gracias a la destreza discursiva de Adam Neumann WeWork logró destacarse, y es que sinceramente tenía todo lo que un inversor pudiera querer: una historia de superación, oficinas espaciosas y con mucha iluminación, a los millenials les encantaba (y les sigue encantando) trabajar ahí y todo este humo hizo que los inversores se olvidaran de una cosa bastante importante: la empresa no ganaba dinero. Es más, lo perdía. En 2018 la empresa llego a perder 219.000 dólares por hora.

En muchos casos perder dinero es justificable por el crecimiento de una empresa, Amazon perdió dinero por muchos años y hoy es discutiblemente la empresa más poderosa del mundo. Sin embargo estas diferencias se hicieron muy claras y evidentes cuando el principal inversor de WeWork, SoftBank y Adam Neumann decidieron llevar adelante a WeWork hacia un IPO. SoftBank es un fondo de inversión creado y dirigido por el empresario japones Masayoshi Son que opera mayormente dentro del sector de las telecomunicaciones.
La relación entre Adam Neumann y Masayoshi Son fue como amor a primera vista. Ambos empresarios excéntricos, Adam logró convencer a Masayoshi de la visión de WeWork: “elevar la conciencia de las personas” (creemos que no entró en detalles sobre como hacer esto alquilando oficinas) y logró vender a WeWork como empresa tecnológica. Y Masayoshi Son compró. Y compro mucho. La empresa parecía prometedora y ambos decidieron hacerla pública; lo que quiere decir es que se vendan sus acciones en el mercado.

La caída

Los problemas empezaron en este punto. Para hacer una empresa pública el gobierno de Estados Unidos requiere los balances financieros y documentación sobre el estado de la empresa. Los inversores empezaron a revisar esta información y tuvieron varias inquietudes sobre la viabilidad del negocio y sobre la capacidad de Adam Neumann. En particular, salieron noticias de que el fundador había fumado marihuana en un avión privado, tomaba alcohol regularmente en el trabajo y alentaba a sus empleados a hacerlo, adquiría derechos (por ejemplo compró el derecho a la marca We Company) que luego vendía a su empresa por un precio mayor, su esposa (a la cual había colocado en un cargo en la empresa) despedía a empleados clave por “mala energía”. En fin, todo era un desastre. Y los problemas no terminaban ahí, ya que el negocio en sí mismo parecía muy arriesgado. La empresa al firmar contratos largos de alrededor de 30 años con los edificios que sub-alquilaba se estaba exponiendo a un posible daño causado por una recesión y cada vez resultaba menos claro la base tecnológica de la empresa. El desastre fue rotundo: la empresa decidió despedir 4000 empleados el 3 de octubre pero eso no fue suficiente, no había un camino claro hacia la rentabilidad y el pánico sobre el IPO no paraba de crecer. Fue en este contexto en el que SoftBank decidió solucionar el problema de la misma manera en que lo había creado, tirándole más dinero a WeWork. La empresa japonesa brindó una nueva infusión de capital (cerca de 5 billones de dólares) y tomó control de WeWork al tener la mayoría del poder de votación, removiendo a Adam Neumann de su rol de CEO pero manteniéndolo como un consultor. El proyecto de IPO fue cancelado y WeWork terminó en una valuación de casi 8 billones, o aproximadamente 1/6 de su pico de 48 billones alcanzado solamente meses atrás.

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